El siglo de las economías emergentes

Artículo - Javier García

Una de las frases más repetidas en los últimos años es que estamos inmersos en el siglo de las economías emergentes. El objetivo de este post es simplemente apuntalar algunos datos al respecto para intentar comprender qué ha funcionado en dichos países y qué no y trazar algún pararelismo entre la evolución de sus economías y la de países desarrollados como España.

Empecemos por la evolución de la tasa de crecimiento mundial y la comparamos con las que han obtenido la India y China en las últimas décadas:

Como se puede observar, la economía china lleva más de dos décadas con un crecimiento del PIB superior al de Estados Unidos:

Por otro lado, fíjense en las siguientes empresas:

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Todas ellas tienen centros de trabajo en la India con departamentos de investigación, de atención a sus clientes para todo el planeta, de gestión financiera y de riesgos, marketing, contabilidad, almacenamiento de la información digital y un largo etcétera. Y podríamos completar el cuadro añadiendo logos hasta crear el ranking de las empresas más rentables del mundo.

A pesar de los patentes problemas de pobreza y desigualdad en la India, el país presenta también otras realidades, algunas de las cuales se ilustran así:

:: Más de 2 millones de jóvenes ingenieros superiores trabajan hoy en la India programando software.

:: Unas 350.000 personas atienden los problemas de clientes de habla inglesa de empresas de todo el mundo.

:: Casi 8 millones de personas cualificadas en finanzas, medicina, ingeniería o marketing completan un sector de las tecnologías de la información de la India absolutamente global, que exporta al mundo 50.000 millones de euros en servicios avanzados, de los que el 80% están dirigidos a Estados Unidos y el Reino Unido.

¿Cómo ha sido posible que un país con la gran mayoría de sus carreteras sin asfaltar pueda realizar la gestión financiera de Du Pont o analizar radiografías de cardiólogos de Chicago?

:: El idioma (en parte) común explica muchas cosas, pero no todas.

:: El gobierno indio priorizó sus inversiones en infraestructuras de comunicación al más alto nivel.

:: Han logrado construir una red de 47 parques tecnológicos con proyección internacional.

:: Más de 4 millones de personas tienen estudios técnicos, formados en sus más de 1.800 centros politécnicos distribuidos por el extenso país.

:: Se han incentivado con deducciones fiscales, en algunos casos del 100%, la inversión extranjera que se ubica en esos parques tecnológicos, y que contrata a esas personas tan formadas.

India, reconociendo su restricción presupuestaria, apostó por priorizar sus inversiones en tecnología y conocimiento, olvidándose de momento del problema que puedan suponer los baches en las carreteras. Es decir, han abordado el problema de las infraestructuras en el sentido opuesto en que aquí se entiende: como un lujo que uno se puede permitir si tiene riqueza, y no como una causa de la misma.

Sirvan como muestra, y sólo a modo indicativo en materia tecnológica y de conocimiento -es sobradamente conocido su potencial industrial- las cuatro empresas de telefonía más importantes del mundo (Motorola, Nokia, Ericsson y Siemens), que suman 33 centros de I+D en China con más de 3.000 empleados de alta cualificación.

La lección que hemos aprendido es que todo lo que se pueda automatizar se puede contratar en cualquier lugar del mundo donde ofrezcan calidad y seguridad combinadas con un menor precio. Y esto está mejorando claramente las posibilidades y oportunidades económicas no sólo para miles millones de personas que antes vivían en la pobreza, sino también a las economías occidentales. Fíjense cómo han evolucionado las exportaciones, repito exportaciones, de Estados Unidos a China:


El siguiente gráfico es, de nuevo, sumamente interesante. A pesar del crecimiento espectacular de China, economías como la americana continúan suponiendo en tamaño cuatro veces la economía China en términos de PIB total. Como muestra, sólo el nuevo PIB generado durante la última década en Estados Unidos... ¡equivale casi dos veces al PIB actual de China!

Hemos vivido un siglo y medio de crecimiento continuado (con algún que otro parón) en economías como Estados Unidos, frente a un crecimiento de algo más de dos décadas en China. Esto explica las grandes diferencias en renta per cápita entre ambas economías. Pero no nos engañemos, las significativas tasas de crecimiento de muchos países están haciendo que se posicionen como grandes oportunidades globales (no sólo China y la India, sino muchos otros países asiáticos o Brasil, etc).

¿Cómo desenvolverse en este puzzle global?

La clave para aprovechar las oportunidades de este puzle global está en crear capacidades difíciles de imitar en otro lugar:

:: Un tejido empresarial cohesionado que piense en global, en inglés, y no sólo en local.

:: Incentivar fiscalmente la productividad y la reinversión en el propio país.

:: Incentivar la formación de máxima calidad, diseñada siempre con participación empresarial, o potenciar a nuestros centros tecnológicos y de investigación para que capturen talento global y tengan los recursos necesarios para colaborar estrechamente con las empresas.

Países con menos recursos que nosotros están apostando por ello. En cambio, España padece precisamente un importante déficit aún en el desarrollo de esta mentalidad empresarial global. Quizás parte de la explicación esté en que nos hemos preocupado más por baches y carreteras que por fomentar los factores que afectan a la excelencia en las organizaciones públicas y privadas.